APUNTES MUNDIALISTAS, DÍA 5: ROMANTICISMO A CAMBIO DE FÚTBOL

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En un Mundial en el que la creencia común común es que no está regalando grandes partidos ni buenos momentos de fútbol tenía que llegar un día como el de ayer para sacarnos de ese estado de semi-letargo en el que nos encontrábamos. No por la calidad de los encuentros si no por tener la sensación de estar viviendo historia.

Porque si exceptuamos el partido que enfrentaba a Costa de Marfil y Portugal, tanto el duelo matinal como el nocturno entraron en la historia mundialista y futbolística. Aunque sólo sea un pedacito de ellos. Los motivos son diferentes, uno es simple y llanamente estadístico mientras que el otro es una cuestión sentimental o, si lo prefieren, romántica.

En el encuentro entre Eslovaquia y Nueva Zelanda el partido siguió más o menos el guión previsto. Sin ser un partido de gran calidad, los oceánicos salieron mejor, como si los europeos necesitasen un tiempo extra para quitarse temores y nervios iniciales. Bien puestos en el campo pero con su ya clásica indolencia en ataque, los neozelandeses eran superiores en sensaciones. Pero poco a poco fue cambiando el cariz que mostraba el choque.

Eslovaquia se soltó y se hizo con el dominio del juego. Las ocasiones tardaban en llegar pero cuando lo hacían eran lo suficientemente claras como para que los ‘all whites’ sintiesen algo de miedo en el cuerpo. La movilidad y técnica de Vladimir Weiss parecían demasiado para la ordenada defensa oceánica. Y cuando mejor estaban los europeos llegó el descanso.

La segunda parte empezó muy animada y con el mismo patrón del final de la primera. Y con esas llegó el 1-0 eslovaco, en un buen cabezazo de Vittek a centro de Sestak. Fuera de juego pero gol que sube al marcador. Aquí empezó a terminarse el partido de los europeos, poco a poco fueron durmiendo el partido (y a ellos mismos) y se centraron en tocar sin profundizar. Nueva Zelanda se vino arriba y tras un par de sustos y cuando ya nadie lo esperaba lograron el gol del empate en el descuento.

Gol y final. Primer punto neozelandés en su historia mundialista. Celebrado este éxito inesperado como se merecía en las gradas y en el terreno de juego, poco más de media hora después de dicho logro daba comienzo el partido de la jornada. El Costa de Marfil – Portugal prometía muchísimo. Por el partido sólo se dignaron a aparecer los africanos mientras que los portugueses dieron una imagen bastante mala.

Durante la primera parte hubo una escena repetida con exceso. Bruno Alves para Carvalho, Carvalho para Alves. Y todo porque no eran capaces de encontrar a los medios centros en buena posición. La razón era una exquisita defensa de primera línea costamarfileña con hasta 4 jugadores formando una muralla difícil de penetrar, y si lo lograban ahí aparecían Yaya Touré o Eboue para hacerse con la pelota.

El partido fue ganando en calidad a la par que crecía la figura de Gervinho. Sin duda el MVP del partido, premio que (in)comprensiblemente se llevó un CR9 que debe mejorar muchísimo si quiere ser el mejor del Mundial. O hablar menos. Por lo demás, la aparición de Drogba no terminó de matar el partido para Costa de Marfil. Por cierto, sigo sin entender los cambios de Eriksson. Con un Dindane que no se iba en velocidad de un cono el sueco decidió cargarse a Kalou y especialmente a un Gervinho que como digo fue de lo mejorcito de ayer.

El córner final, sacado en corto cuando el tiempo pasaba de lo descontado por el árbitro, no hizo más que ponerle un punto cómico a un encuentro que no cumplió las expectativas aunque tuvo buenos detalles tanto de juego como tácticos. Quedaba el que a priori era el partido más desnivelado y donde se esperaban más goles. Craso error, algo que se ha convertido en una constante en este torneo.

Si alguien nos dice antes del partido que Brasil va a sufrir ante los norcoreanos, la grandísima mayoría de aficionados soltaríamos una carcajada. Vale que los asiáticos son aplicados en defensa, pero siempre se confía en que la calidad de los hombres de arriba ayude a desequilibrar la balanza.

El asunto es que para ello se necesita querer, se necesita buscarlo y se necesita intentarlo. Tres aspectos que la ‘canarinha’ anoche pasó por alto. Tenía el balón pero la movilidad era nula. Disparaba pero sin ningún peligro. Tocaban y tocaba pero lo hacían a dos metros. Sólo Maicon ofrecía algo diferente. 0-0 al descanso y Corea del Norte animándose a llegar al área rival.

En la segunda parte el partido cambió ligeramente. Kaká, Robinho, Luis Fabiano, Maicon y Bastos empezaron a ofrecer una mayor movilidad y la noche se aclaraba para los de Dunga. Además los norcoreanos bajaron físicamente y les costaba salir como lo hacían en la primera parte. Por tanto el dominio sudamericano era más claro que nunca.

Cuando llegaron los goles todo se calmó. Y ahí llegó otro pedacito de historia para los que no vivimos la épica norcoreana del 66. El buen gol de Ji Yun Nam terminó de meter a esta débil selección en un huequito de la historia mundialística como el equipo que plantó cara a una poderosa y favoritísima Brasil. A falta del teórico buen fútbol bien nos hace vivir momentos como este. Dan vida al Mundial.

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