ERIC I, REY DE MANCHESTER

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Eric Cantona había decidido retirarse. En un partido entre el Nimes y el Saint Ettiene perdió los nervios, una vez más, y le lanzó un balonazo al árbitro. Camino a la caseta se dedicó a provocar al público. Castigo: un mes de sanción. El marsellés no estaba contento y tildó de “idiotas” a los miembros del comité. Consecuencia: dos meses de castigo. No aguantaba más y con 25 años decidió colgar las botas. Por suerte, la historia no acabó así.

Los seleccionadores galos, Michel Platini y Gerard Houllier, le aconsejaron cruzar el Canal de la Mancha para empezar una nueva vida. Unos pocos días de prueba en el Sheffield Wednesday, le abrieron las puertas del Leeds. Allí ganó su primer título de Premier. Pero, sólo era un secundario. Alex Ferguson levantó el teléfono para pedir precio por Denis Irwin y aprovechó la llamada para interesarse por el francés. Ambas negociaciones fructifican. El lateral fichó en verano y el delantero tuvo que esperar hasta noviembre. Cantona estaba a punto de convertirse en el Rey Eric.

Polémico y dotado atacante de fácil verborrea que vistió el ‘7’ del Manchester United. ¿George Best o Cantona? De no ser porque los logros individuales alcanzados por el de Belfast, no fueron alcanzados por el galo, parecería que hablamos del mismo futbolista. Aun así, los nueve títulos conseguidos por Cantona y ser una de las figuras en el reflorecer de los ‘red devils’, le convirtieron en uno de los ídolos de Old Trafford.

Su primera gran actuación en el ‘Teatro de los Sueños’ sólo se hizo esperar dos meses, en un partido liguero contra el Tottenham. Tras conseguir un fabuloso gol, llegó el momento más dulce de su carrera (o al menos así lo que confiesa en ‘Buscando a Eric’). Steve Bruce junto a la cal, retrasó la pelota hacia Irwin. El lateral de Cork se la pasó a un Cantona colocado en la mediapunta y mientras se coló entre los defensas. El francés conocedor de la inteligencia y el genial uso de las dos piernas del irlandés, la pegó con el exterior según le venía, superando la muralla ‘spur’ y devolviéndosela al pequeño irlandés, que no falló ante el portero. Todo un regalo.

La suma de jugadores experimentados (Steve Bruce, Mark Hughes, Gary Pallister, Brian McClair o Bryan Robson), aderezados con buenos fichajes (Roy Keane, Paul Ince, Peter Smeichel o nuestro protagonista) y con la emergencia de los primeros ‘Fergie Boys’ dio sus frutos. Ganaron los dos primeros títulos de la recién instaurada Premier League, con otras tantas Community Shield y una FA Cup.

A pesar del éxito, el temperamento del ídolo francés no se apaciguo en Inglaterra. Cantona seguía siendo un ‘enfant terrible’. Unas cuantas expulsiones e incidentes emborronaban sus fantásticas dotes como futbolista. En una rueda de prensa se refirió a la monitorización continua de todos sus movimientos con una de sus citas más famosas: “Cuando las gaviotas siguen al pesquero, es porque piensan que van a tirar sardinas al mar”. En su vuelta a Ellan Road, feudo del Leeds, escupió a un aficionado y esto le acarreó una importante multa. Pero, lo peor estaba por llegar.

25 de enero de 1995, Shelhurst Park, estadio del Crystal Palace. El árbitro expulsó a Cantona por zancadillear a Richard Shaw, mientras este le agarraba de la camiseta. El francés tomó el camino hacia el vestuario visiblemente enfadado. Los londinenses se disponían a sacar la falta, pero todos los objetivos de las cámaras enfocaron de nuevo al delantero galo. Discutía con un hincha local, mientras estaba sujetado por el utillero Norman Davies. De repente se zafó del agarre y saltó a la grada propinando una patada de ‘kung-fu’. La sorpresa se reflejaba en la cara de los aficionados y futbolistas. Una acción injustificable, pero que había sido provocada por los ataques xenófobos de un individuo con numerosos antecedentes por incidentes racistas.

El francés fue condenado a siete días de prisión, de los que sólo cumplió uno, y a 120 horas de servicios a la comunidad. La federación inglesa le sancionó por nueve meses y 10.000 libras de multa. El Manchester United le suspendió de sueldo durante dos semanas y la Selección francesa le retiró la capitanía del equipo. A pesar de todo ello, Cantona nunca se ha arrepentido de lo que hizo.

La Premiership de 1995 acabó en manos del Blackburn Rovers, con Chris Sutton y Alan Shearer como estrellas y dirigidos por Kenny Dalglish. El United perdió aquel campeonato por un sólo punto, está claro que echaron de menos los goles del atacante galo.

Durante los nueve meses de sanción, Alex Ferguson siempre apoyó al crack francés. Esta fidelidad fue recompensada desde el mismo día que le fue levantada la sanción. El partido era en casa y contra el Liverpool de los apodados ‘Spices Boys’. En el minuto dos, un pase de Cantona llegó a los pies de Nicky Butt para marcar el primero. A veinte del final, Giggs fue derribado dentro del área y el ‘7’ se responsabilizó de tirar el penalti. No falló y remató al acérrimo rival.

40En Navidades, el United se encontraba a diez puntos de un Newcastle, quienes habían conseguido un salto de calidad con los fichajes de Les Ferdinand y David Ginola. Parecía todo perdido. Pero los espectaculares resultados (15 victorias, dos empates y dos derrotas), gracias en gran medida a los goles del galo, permitieron que los ‘red devils’ alzasen de nuevo el título de campeones.

La redención definitiva le llegó en la final de la FA Cup. Último minuto en Wembley, un joven David Beckham sacó un córner ante el que David James ‘salió a por uvas’. La pelota rebotó en un defensa y cayó a los pies de Cantona, sin dudarlo la empalmó y la mandó al fondo de la red.

Al año siguiente, el francés capitaneó al Manchester United a otro título de la Premier League, siendo el primer ‘no-británico’ en portar el brazalete de este histórico club. Sin embargo, tras la eliminación en semifinales de la Champions League por parte del Borussia de Dortmund, el francés tomó una decisión definitiva: abandonar el fútbol.

Entonces sí, con 30 años (cinco después de haberlo anunciado por primera vez) King Eric abdicaba. Colgaba definitivamente las botas, su roja camisola con el ‘7’ y la corona que le había convertido en el rey de Old Trafford.

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