LA VICTORIA QUE DERRIBÓ EL MURO

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“En el verano de 1990, la Selección alemana de fútbol excedió su objetivo de producción y ganó el Campeonato Mundial”, decía Daniel Brühl en la moderna fantasía ‘Good Bye, Lenin!’. 240 días después de la Caída del Muro, los alemanes festejaban su primera victoria deportiva unidos. A pesar de acudir a la cita todavía con el nombre de Alemania Federal, el triunfo fue festejado de igual manera tanto en el Este como en el Oeste.

Aquella selección teutona aprovechó la columna vertebral que ya jugaba en el Inter de Milan: Brehme atrás, Matthäus de organizador y Klinsmann en la delantera. Junto a los Erlangen, Hässler, Illgner, Augenthaler, Kohler y Littbarski formaron uno de los pocos equipos que buscaron el gol durante el torneo. Los jugadores entrenados por Franz Beckenbauer dejaron por el camino a rivales de la talla de Holanda, la campeona europea, o Inglaterra, la única selección que les pudo hacer competencia.

En el último escalón hacia la gloria les esperaba Argentina. Muchos catalogan aquella final como la más fea de todos los Mundiales, para muestra están los récords negativos que batió: fue la primera vez que uno de los rivales se quedaba sin marcar y hasta entonces nunca había habido un expulsado a estas alturas del campeonato. Los albicelestes, dirigidos desde la banda por Carlos Bilardo y con Maradona como estrella, llegaban al Olímpico de Roma mermados por las sanciones de Giusti, Batista, Olarticoechea y Caniggia.

Los sudamericanos defendían el título, pero colocaron sobre el césped un planteamiento extremadamente defensivo y las únicas ocasiones de gol llegaban cuando Brehme, que jugó mucho más adelantado, desbordaba por la banda izquierda. El lateral que luego jugaría en el Zaragoza también fue el autor del único tiro destacable de la primera mitad, un balón que atajó sin problemas Goycoechea.

En el minuto veinte del segundo tiempo llegó la primera acción que desestabilizó el partido hacia el lado de la Die Nationalef: la expulsión de Monzón. Una fortísima patada a Klinsmann mandó al ‘Mocho’ (quien había entrado en el descanso en sustitución de Ruggeri) a la ducha y provocó que su equipo se encerrase todavía más en su propia área.

Cuando los pibes del ‘Narigón’ pensaban en los penaltis, a seis minutos del final, una pena máxima se cruzó en sus caminos. El árbitro pitó un inexistente agarrón de Sensini a Rudi Völler dentro del área. Desde ese momento (y más aun después de que expulsase a Dezotti), el colegiado mexicano, uruguayo de nacimiento, Codesal Méndez se convirtió en uno de los enemigos históricos de la nación argentina. Brehme colocó la pelota en el punto fatídico y la ajustó al poste, rasa y fuerte. Un balón imparable que hacía justa campeona, por al menos haberlo intentado, a Alemania.

Aquella victoria balompédica fue festejada como propias en las dos ‘Alemanias’ como consecuencia de lo sucedido hacía meses. Mañana a las 18:57 se celebrará el vigésimo aniversario de la pregunta en rueda de prensa más relevante de la historia y el error de Günter Schabowski que dieron la puntilla final a la RDA. Aun así, el muro sigue en pie a lo que el fútbol se refiere. El Energie Cottbus es el único equipo del Este que ha saboreado en los últimos años de la Bundesliga y la mayoría de los grandes jugadores del combinadogermanos (salvo excepciones como la de Ballack) son de la parte occidental.

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