LA IMPOSICIÓN DE LOS SENTIDOS por Gorka Pérez

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El mundo de las sensaciones tiene mucho que ver con el futbol. Siempre lo ha tenido. La determinación de las sensaciones que poseen los miembros de un equipo siempre se han entrenado. “El futbol es un estado de ánimo”, suele decir Valdano, y tiene razón. Sentimientos como la felicidad, la ira, el desasosiego o la prepotencia han sido siempre jueces de un deporte que se juega con los pies pero que pasa por la cabeza.

Después del recital ofrecido por el F.C Barcelona en su partido frente al Real Madrid el caché del equipo de Guardiola se ha disparado. El primer gran reto se superó, 2-6 nada menos, y todo el mundo da por hecho que el partido de esta noche frente al Chelsea no será más que un mero trámite. La lógica nunca ha jugado al fútbol. De haberlo hecho este habría perdido su don más preciado: la incógnita.

Cada partido se enmarca en una combinación de situaciones que jamás encuentran acomodo en dos partidos consecutivos. Menos aun las finales. Pero eso aun queda lejos para los blaugranas. Primero han de superar a un Chelsea renacido por un Hiddink resabiado. No intenten comparar a los equipos, no sacarán nada bueno de ahí. Es cierto que el halo de divinidad del Barcelona es el sueño frustrado de los ingleses, pero el espíritu indomable de los ‘blues’ nunca ha conocido la complacencia. No es un equipo deseable el inglés en los enfrentamientos a doble partido. La mentalidad inglesa carente de resignación y extralimitada en su pasión es un arma que no ha de ser subestimada. No hay más que recordar precedentes no tan lejanos como la remontada del Liverpool frente al A.C. Milan en la final de la Liga de Campeones de 2005 o la más lejana victoria del Manchester United frente al Bayer de Munich en la final de 1999.

Las citas importantes como las finales o las semifinales no se juegan con los pies. La cabeza es la parte esencial. La preparación psicológica ha de ser la idónea para que la reacción del cuerpo sea la adecuada. En ese aspecto ambos equipos están igualados. El Chelsea no sabe lo que es ganar una final pero si ha vivido las sensaciones que se viven en ellas. El Barcelona por el contrario sabe lo que es ganar una final pero todavía no se ha encontrado en ninguna situación de la que no supiera salir, y la de esta noche va a ser toda una odisea. Las críticas recibidas por los ‘blues’ en la eliminatoria de ida han caído en saco roto. Han sido simples pataletas, algo que los equipos ingleses no conocen.

El partido de esta noche encierra un argumento que no volverá a repetirse. La pasión, los nervios, la rabia, la gloria… todos ellos tienen papeles principales. La imposición de uno de ellos determinará el destino. La victoria, la derrota… el corazón las dirige.

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