BILBAO SE VISTIÓ DE ROJIBLANCO

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Todo hacía presuponer un día de lágrimas en Bilbao. La dichosa borrasca que no ha abandonado en todo el invierno la cordillera cantábrica, volvía a soltar lluvia. No había ni rastro del sirimiri típico de la capital vizcaína y la fuerte lluvia, a veces en forma de granizo, arreciaba desde primera hora de la mañana. ¿Qué podía hacer que la depresión no se apoderase de los corazones de los bilbaínos? El Athletic.

Los balcones, ventanas y comercios ya llevaban más de tres días engalanados de rojo y blanco. Desde primera hora de la mañana, todo el mundo portaba en mayor o menor medida un distintivo que determinaba cuál era su equipo. Los niños acudían uniformados a clase con el equipaje o el chándal, los ejecutivos coincidían en el color de sus corbatas e incluso a alguna coqueta señora se le atisbaba tras el abrigo una camiseta del club bilbaíno.

La semifinal olía a final en Bilbao y no podía ser menos después de 24 años sin haber pasado el penúltimo peldaño copero. La gente organizaba su jornada laboral alrededor del partido, algunos se privaban de comer para salir antes y otros habían preferido coger un día de fiesta. La ilusión inundaba toda la villa a pesar del 2-1 del partido de ida y pobre del que pensase lo contrario…

Más de uno temía que la lluvia aguase la fiesta que se tenía preparada para tratar de arropar a los jugadores antes del partido, pero la valentía y el orgullo de los de Bilbao provocó que la celebración fuese la más cálido posible. Tal fue así que alrededor de 3.000 aficionados escoltaron el autobús del equipo por los casi dos kilómetros que hay entre el Hotel Carlton de la Plaza Moyua, donde estaba concentrada la plantilla, hasta el campo de San Mamés.

En los alrededores del estadio se oía música de txistus y el olor de los cien corderos asados provocaba que más de uno abriese su bocata antes de entrar al campo. La gente hacía cola en las puertas de acceso, había que animar al equipo desde el primer minuto del calentamiento.

Todo señalaba que San Mamés iba a vivir una de esas noches que le hizo valerse el sobrenombre de la Catedral y así fue. Los que no tenían entada, como de costumbre prefirieron quedarse en la calle Licenciado Pozas, sin irse muy lejos para poder celebrarlo en caso de victoria, porque nadie contemplaba una posible derrota.

Al final del partido, mientras muchos invadían el campo y otros empezaban a provocar su resaca más dulce, alguno se tapaba la cara para ocultar su rostro lloroso. “Nunca había podido sentir la sensación de ver al Athletic en una final, es como me lo contaba mi ama”. Al final la noche acababa con lágrimas, pero de alegría.

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3 comentarios to “BILBAO SE VISTIÓ DE ROJIBLANCO”

  1. joseba Says:

    Sólo por el comportamiento de la afición ya se merecen ganar la Copa. La Copa necesita equipos así para volver a ser lo que era.

    http://www.sillonball.es

  2. Pol Gustems Says:

    Será una final con dos aficiones que se llevan muy bien, así que el espectáculo previo espero sea tan bonito como el del partido.

    Saludos!

  3. joseba Says:

    Sólo por como vive su afición la Copa del Rey ya se merece el título. Si todo el mundo celebrara igual este trofeo igual hasta resucitaba.

    http://www.sillonball.es

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