GUERRA EN EL VÉLODROME

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Echando la mirada atrás se puede contemplar que el fútbol ha provocado escenas inimaginables. En la Navidad de 1914 durante un alto al fuego ‘improvisado’ de la I Guerra Mundial, las tropas alemanas e inglesas organizaron un partido. En 1969 se decretó un alto al fuego durante el conflicto bélico entre Nigeria y Biafra con motivo de la visita de Pelé. ¿A qué viene tanto recordatorio? Pues porque de la misma forma que algunos han utilizado este deporte para poner paz, otros lo ponen como excusa para buscar pelea. “No vamos a la guerra, pero mi consejo es no ir”, ha declarado esta mañana Enrique Cerezo sobre la visita del Atlético al Olympique de Marsella. Las declaraciones del presidente colchonero vienen como consecuencia de los numerosos e-mails recibidos por el club en los que supuestos hinchas del equipo galo insultan e incluso amenazan de muerte a los aficionados rojiblancos que acudan al Vélodrome el próximo martes.

Los radicales justifican su ira por la detención del ultra Santos Mirasierra. Este está acusado de “desórdenes públicos, atentados a la autoridad y lesiones” en el partido celebrado en el Vicente Calderón el pasado 1 de octubre. Aquellos altercados entre las fuerzas de seguridad y los hinchas franceses provocaron que la UEFA cerrase el estadio durante una jornada. Un daño colateral.

Al margen de la decisión judicial que se tome sobre Mirasierra, la justicia deportiva debe tomar cartas en el asunto antes de que sea demasiado tarde. Los hinchas del equipo marsellés sobradamente han demostrado durante la Champions League un comportamiento que dista mucho del deseado en los estadios de fútbol. Además de lo sucedidos a orillas del Manzanares, hay que sumar las bengalas contra el PSV o el ‘mecherazo’ que propinaron a Steven Gerrard. Estos hechos junto a las gravísimas amenazas de muerte, ¿no son suficientes para sancionarles de alguna forma? Y es que el presidente de la UEFA, Michel Platini, está demostrando que la calidad que tenía en el campo, le falta en el despacho. Por mucho cierre del Calderón y por mucha amenaza que le haga a Roma con dejarla sin final después de los incidentes contra el Chelsea, de nada servirán si a su vez se está siendo permisivo con otros.

Ryszar Kapuscinski narraba fantásticamente en ‘La guerra del fútbol’ el conflicto armado entre Honduras y El Salvador en el que los gobernantes utilizaron como pretexto los partidos de clasificación del Mundial de 1970 entre ambos países. Los radicales al fin y al cabo también hacen lo mismo, buscar excusas para montar su propia guerra y romper con la paz que debería imperar en los estadios.

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