‘JESUSITO’ PISCINAS

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“Si hoy se dribla hasta los charcos, en seco le regatea hasta a usted”, le dijeron los aficionados de la UD Los Palacios a Pablo Blanco, ex defensa y encargado de las categorías inferiores del Sevilla CF, al quedarse perplejo observando a una joven ‘perla’ futbolística. Aquel chico no era otro que Jesús Navas, que el pasado domingo cumplió su quinto aniversario como jugador de Primera División. Su debut llegó de la mano de Joaquín Caparrós que decidió apostar por él a pesar de que Manolo Jiménez lo tenía calentando banquillo en el filial. En estas temporadas en la élite ya ha demostrado su técnica, su desparpajo, su rapidez y la calidad de sus centros. También una cualidad amada por algunos, detestada por muchos y que en otras épocas tuvo mayor número de seguidores, la simulación.

Y es que Navas es de esos jugadores en los que la fuerza de la gravedad influye de manera especial, que pasan gran parte del partido besando el césped y a los que el mínimo roce les afecta como si de un certero golpe se tratase. Le sirve como excusa el argumento de que él, un peso ligero (60 kg), pelea ante rivales de pesos crucero o pesados que sólo con la mirada lo pueden derribar. Esto no justifica que este hombre con cuerpo de niño sea un tramposo poco noble con la verdad futbolística que carga de tarjetas o incluso consigue la expulsión de sus rivales.

“Si finges una falta, te abuchean en tu propio campo, en eso son muy estrictos, es impresionante verlo”, comentaba Fernando Torres poco después de sufrir las protestas de Anfield. Tuvo que cambiar de país para que se diese cuenta que sus hábitos estaban trasnochados y como todos hemos podido ver, su carrera futbolística ha despegado meteóricamente hasta convertirse en un gran jugador. Aunque en la Liga, a diferencia de la Premier, la sinceridad no puebla sus gradas y los aficionados de muchos estadios se solidarizan con estos ‘timadores balompédicos’ y tienden a sacar los pañuelos rápidamente cuando los árbitros no les pitan esas deseadas faltas.

Desde que los árbitros recibieron la orden FIFA de amonestar a todos los jugadores que fingen su caída, su número ha bajado. Aun así esta especie de futbolistas, no está extinta y todavía son muchos los futbolistas que interpretan teatro durante los partidos. Pero sin ir más lejos y sin movernos de orilla del Guadalquivir, en la banda contraria a nuestro protagonista, está Diego Capel. Son dos jóvenes con una calidad enorme pero que la desvirtúan con este mal hábito de ‘tirarse a la piscina’.

Un humilde servidor no negará la calidad balompédicas de estos trileros vestidos de futbolistas. Aunque estas malas maneras hacen que los partidos pierdan la belleza del fútbol verdadero, del que embauca a los locales y consigue que los rivales les aplaudan.

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